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| Lolita Lebrón y María de lourdes Santiago en ocasión de la salida de prisión de un grupo de mujeres del PIP que protestaron por Vieques - abril 2002 |
Estaba hecha de un material distinto al del resto de los mortales. Entró al Congreso el 1ro de marzo de 1954 dispuesta a inmolarse por la patria, y al salir de allí con vida, supo prolongar esa misma serenidad, esa misma determinación, al heroísmo --aún más sufrido --de un cuarto de siglo en cárcel sin doblegarse ni un ápice, y luego, a la misión de ser, para todos los independentistas, madre y luz. En el sentido más cabal posible, dio su vida por la independencia de Puerto Rico.
Como si su nombre la hubiera marcado, conoció todos los dolores: la traición, la cárcel, la muerte de sus hijos, la incomprensión y la enfermedad. Con la conciencia mística que le hacía ver cosas invisibles para los demás decía “dedico mi cáncer, mi dolor, mi sufrimiento, a la penitencia de mi pueblo”. Era de acero y de rosa, dulce y severa, combativa y amorosa.
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