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Mira mami, si te cojo coqueteando verás
Mira ponte a lava, yo quiero mi ropa limpia
Mi pantalón restriégalo, restriégalo, tráeme la papa si,
de una vez, luego ponte a fregar, mira yo no como cuento jumm…
Con los versos citados al inicio de este artículo comienza una canción bastante popular en la década de los 70 en la voz de Ismael Rivera y de la autoría de Bobby Capó: Si te cojo. No conozco a mujer alguna que exprese que esta es una de sus canciones favoritas del Sonero Mayor. Tampoco he escuchado a hombres cabales verbalizar su preferencia por esta letra. Musicalmente, la ejecución de Maelo demuestra su maestría para dominar con su voz los ritmos más osados, repicando con su voz los golpes del tambor en tiempo de bomba.
Esos repiques, unidos a la letra, presagian para una mujer la advertencia del macharrán convencido de que esa, “su mujer”, no debe asumir posturas que a él le resulten provocadoras y que tiene que servirle porque de lo contrario, él no come cuento. Enfatiza esa advertencia con los golpes de bomba; así mismo sonarán las bofetadas, puños y patadas que le asestará a “su mujer” si no cumple, o si él piensa que no cumple. Desafortunadamente, la advertencia va in crescendo, acorrala a la mujer cuando le increpa:
Si te cojo coqueteándole a otro, ya verás qué trompá te vo a pegar,
Si te cojo guiñándole a otro, un piñazo en un ojo te vo a dar
¿Debe esperar una mujer sujeta al maltrato doméstico al punto en que el agresor asesta esos puños, el piñazo que termina lastimándola física, emocional y sicológicamente? De ninguna manera. Es posible, incluso, que se argumente que esa canción refleja la actitud machista y la equidad existente en la década de los 70. Puede que sí. Sin embargo, por los casos que desafortunadamente vemos en la Isla, el maltrato y violencia contra las mujeres ocurren en todos los grupos sociales y envuelven protagonistas de un gran rango de edades. ¿Hemos realmente avanzado en la lucha por una sociedad que reconoce el alcance del maltrato intrafamiliar como uno de los elementos más peligrosos de la crisis social que atravesamos?
A juzgar por las acciones de la administración Fortuño, no hemos avanzado un ápice. Sólo durante el mes de junio, 5 mujeres fueron asesinadas en circunstancias terribles, la más reciente murió luego de una semana en el hospital tras ser quemada por su pareja. La respuesta de Yvonne Feliciano, Procuradora de la Mujer nombrada por el actual gobernador, fue convocar a una reunión cumbre donde estaban representados la Policía, la Administración de Tribunales, el Departamento de Justicia, la Oficina con Antelación al Juicio para manejar esta evidente crisis. Como grandes ausentes de esta gestión figuraron representantes de organizaciones no gubernamentales que por décadas han luchado contra el maltrato doméstico a través de propuestas enfocadas en la prevención, protección, y albergue que reconocen la violencia doméstica como parte de un problema que envuelve un manejo salubrista.
Falla, además, la Procuradora de la Mujer al intentar justificar las gestiones de las agencias de esta administración luego de cada asesinato de una mujer. Hemos atestiguado cómo la Procuradora recuenta las fechas encontradas en los expedientes de cada mujer y los trámites realizados hasta el momento del asesinato. Así hemos escuchado detalles que, lejos de develar que la gestión gubernamental está rindiendo frutos a la hora de proteger a la víctima y sus hijos e hijas, la Procuradora concluye sus declaraciones advirtiendo a la mujer que busque ayuda. Con esta acción la Procuradora demuestra desconocer que su rol, lejos de evadir las responsabilidades que por ley recaen en su oficina, es viabilizar la equidad del género más allá de recopilar datos que ya no le podrán devolver la vida a esa mujer víctima de otro feminicidio, engrosando así estas dolorosas e inaceptables estadísticas.
Pero hay un elemento mediático que también maltrata a la víctima. En la prensa, vemos titulares como “Hombre ataca a tiros a su mujer”, o “Crimen pasional desemboca en asesinato”. Estos titulares hacen pensar en que estamos todavía en la época en que el Sonero Mayor popularizó su canción Si te cojo. La mujer no es propiedad sino de ella misma, así como la pasión no desemboca en asesinato. Con sus titulares, los responsables de redactar y titular las noticias demuestran falta de sensibilidad por la lucha de equidad de género en nuestra Isla, perpetuando un discurso sexista que dan al traste con décadas de lucha.
El maltrato intrafamiliar irradia a todos los integrantes del núcleo. Por lo regular, una mujer maltratada puede dar señales tanto físicas como en comportamiento de que es víctima de violencia por parte de su pareja. Los niños y adolescentes dentro del hogar también manifiestan síntomas que pueden alertar a sus maestros, amigos, vecinos, padres y madres de sus compañeros de clase, de que hay elementos de alarma que requieren la intervención de personal de apoyo. El agresor también podría presentar cambios de comportamiento notables para individuos que le rodeen.
Es posible revertir las huellas del maltrato, pero para eso se necesita voluntad y apoyo por parte de todos y todas los que aspiramos a una sociedad más justa y viable. A falta de una gestión coherente por parte de la Procuradora de la Mujer en particular y el gobierno de turno en general, debemos embarcarnos en iniciativas de autogestión que descansen en las propuestas de grupos y organizaciones que surgen dentro de nuestras comunidades. Lo que sí sería un crimen es cruzarnos de brazos y ver cómo asesinan a otra mujer. En esto, compañeros y compañeras, literalmente se nos va la vida. |